“¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo, en donde se quedaron mis ojos largamente, tienes sobre los Salmos las lavas mas ardientes y en su río de fuego mi corazón enciendo! Sustentante a mis gentes con tu robusto vino Y los erguiste recios en medio de los hombres Y a mí me yergue de ímpetu sólo el decir tu nombre, Porque de ti yo vengo he quebrado al Destino.”
Extractado del Libro “Desolación” publicado en 1922 del poema “Mis libros” sección “Vida” Editorial Nascimiento, Santiago, 1923.
Hola! En esta oportunidad, he querido recordar a nuestra afamada “Premio Novel”, pero observando su vida y obras bajo otro prisma. Tengo que agradecer a un gran hombre, el Dr. Daniel Lagos Altamirano, profesor titular de la Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación de Valparaíso, Dr. en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid que actualmente se desempeña como Director del Centro de Estudios Dialectales dependiente de la Facultad de Humanidades de su Universidad; además es Doctor en teología y ha sido profesor invitado en Universidades extranjeras de Argentina, México y Estados Unidos. Posee una dilatada experiencia como investigador con varios proyectos financiados por FONDECYT, especialmente en el área de la Dialectología del Español y las Lenguas Indígenas de Chile. Tiene más de sesenta publicaciones especializadas hechas tanto en revistas nacionales como extranjeras y durante los años 1990-1996, se desempeñó como Decano en la Facultad de Humanidades en su Universidad.
Bien, toda esta presentación, es para introducir el Tema de hoy “Gabriela Mistral y la Biblia”, ya que nuestro estimado Dr. Lagos, investigador que en el año 1979, tuvo la oportunidad de formar parte y luego coordinar el equipo humano que inició una nueva traducción del Nuevo Testamento a la lengua mapuche, puesto que las anteriores databan de fines del siglo XIX y comienzos del XX (1895, Sadleir y Félix José de Augusta). Esta situación, como él mismo, lo relata en su artículo “Gabriela Mistral y su relación con la Biblia”, le permitió que llegara a sus manos un ejemplar de la Revista La Biblia en América Latina en edición especial, en la que se reproducía el mismo texto, señalando que se trataba de una de las tantas anotaciones que en las primeras páginas de su Biblia personal había escrito la poetisa chilena y rescatada para la prensa nacional por un cronista del Diario La Nación de Santiago de Chile de aquella época.
El texto trascrito es el siguiente:
“Libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para mi corazón, fuerte, poderoso compañero. Tú me has enseñado la inmensa belleza y el sencillo candor, la verdad terrible y sencilla en breves cantos. Mis mejores amigos no han sido gentes de mis tiempos; han sido los que tú me diste: David, Rut, Raquel, y María. Con los míos éstos son mis gentes, los que rondan en mi corazón y en mis oraciones, los que me ayudan a amar y a bien padecer. Andando los tiempos vinisteis a mí, y yo, negando las épocas soy con vosotros, voy entre vosotros, soy vuestra como uno de los que labraron, padecieron y vieron vuestro tiempo y vuestra luz. ¿Cuántas veces me habéis confortado? Tantas como he estado con la cara en la tierra. ¿Cuándo acudí a ti en vano, libro de los hombres, único libro de los hombres?. Por David amé el canto, merecedor de la amargura humana. En Eclesiastés hallé mi viejo gemido de la vanidad de la vida y tan mío ha llegado a ser vuestro acento que ya ni sé cuándo digo mi queja y cuándo repito solamente la de vuestros dolores. Nunca me fatigaste, como los poemas de los hombres. Siempre eres fresco, recién conocido, como la hierba de julio, y tu sinceridad es la única en que no hallo peligro, mancha disimulada de mentiras. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos. Yo te amo todo, desde el nardo de la parábola hasta el adjetivo crudo de los Números”
Ante esta evidencia, nuestro investigador se encuentra con la fuerza del tema religioso en Gabriela, según Lagos Altamirano, descubre una hermosa relación y estrecha amistad de Gabriela con la Biblia, las palabras de sus versos revelan una sinceridad cautivante, que suena patético y hondo en los versos de la Mistral.
Continúa Lagos Altamirano con su análisis:
“Para ella, la religión sería un ancla de vida. Su sentido de fe, tan independiente y moderno, la distanció de la Iglesia oficial. Durante años se nutrió de las doctrinas budistas, sobre todo respecto a la meditación y purificación y al espíritu de hermandad universal.
Sin embargo, la Biblia fue para Gabriela la principal fuente literaria de instrucción moral y de inspiración poética durante el período formativo de su vida, esto es, en aquellos años en los que la persona adquiere impresiones y hábitos imborrables. Sin embargo, no todos los críticos que han estudiado su vida y su obra han sabido valorar esta firme autoformación bíblica. Así por ejemplo, Raúl Silva Castro reprochaba a Gabriela Mistral el no haber tenido una educación seria. Afirmaba con condescendencia que “sólo la Biblia y otros libros de modesta importancia influyeron en ella”1
1 Véase, Raúl Silva Castro, Estudios sobre Gabriela Mistral, Santiago, Editorial Zigzag, 1935, pág.13
Lagos Altamirano, señala; “En la búsqueda de mayores antecedentes acerca del texto escrito en su Biblia personal hemos encontrado que la escritora siempre llevaba consigo una Biblia, que había comprado en Antofagasta y que se había convertido en su libro de cabecera según lo señala el escritor José Santos González Vera, amigo personal de la poetisa, en un artículo publicado en 1957 en los Anales de la Universidad de Chile, bajo el título: Comienzos de Gabriela Mistral 2. La difusión del texto leído al comienzo se debe a que Carlos Zurita quien lo publicó en un artículo que con el nombre de La Biblia fue fuente de sabiduría y permanente inspiración para Gabriela, apareció en el Diario La Nación el día 13 de Enero de 1957.
Agrega que en el Prólogo de Poesías completas de Gabriela Mistral, (obra editada por Margaret Bates, Madrid, 1962, 2ª edición), Julio Saavedra Molina refiere que Gabriela usaba la Biblia traducida del hebreo por Casiodoro de Reina en 1569 y revisada y corregida por Cipriano de Valera en 1602, es decir, la Biblia tradicional del pueblo evangélico en lengua española.
Revisando la producción lírica y en prosa de la poetisa y los principales estudios de los especialistas en la obra, pude llegar, al fin, (señala Lagos Altamirano) a una conferencia leída por Gabriela Mistral en 1938 en la sociedad Hebraica Argentina con el título: Mi experiencia con la Biblia, texto en el cual la poetisa se refiere extensamente al tema”.
2 V. José Santos González Vera, Comienzos de Gabriela Mistral en Anales de la Universidad de Chile, CXV,, (106, 1957. páginas 22-25
“Mi primer contacto con la Biblia tuvo lugar en la Escuela Primaria, la muy particular Escuela Primaria que yo tuve, mi propia casa, pues mi hermana era maestra en la aldea elquina de Montegrande. Y el encuentro fue en el texto curioso de HISTORIA BÍBLICA que el Estado daba a los niños. Aquella Historia tenía tres cuartos de Antiguo Testamento, no llevaba añadido doctrinal y de este modo, mi libro se resolvió en un ancho desplegamiento de estampas, en un chorro de criaturas judías que me inundó la infancia…
…Yo era más discípula del texto que de la clase… Una vez cerrada la Escuela cuando la bulla de las niñas todavía llegaba del camino… con el cuerpo doblado en siete dobleces, con la cara encima del libro, yo leía la Historia Santa en mi escondrijo, de cinco a siete de la tarde. Cuentos, no los tuve en libros, esos me daba la boca jugosamente contadora de mi gente elquina.
Jacob, José, David, la Madre de los Macabeos, Nabucodonosor, Salmanazar, Rebeca, Esther, y Judith son criaturas que no se confundirían nunca en mí con los bultos literarios que vendrían después, que por ser auténticas personas no me dan en el paladar de la memoria el regusto de un Ulises o del retórico Cid, o de Mahoma, es decir, el saber de papel impreso entintado…
…Nada me costaba a mí, en el Valle cordillerano de Elqui, ver sentados o ver caminar, oír comer y hablar a Abraham y a Jacob. Mis patriarcas se acomodaban perfectamente a las fincas del Valle. …Pero a mí chilenidad le faltaba una condición soberana del hebreo, la mayor y la mejor: el realismo sobrenaturalista, el Jehová o Dios Padre, permeando la vida, desde la mesa hasta la vendimia. .. Y como yo necesité de este alimento… yo me buscaría esta enjundia en la Biblia y de ella comería toda la vida.
Lo bíblico, relato o canto, hay que tocarlo directamente, aunque sea en las traducciones; hasta magullado el espíritu de la lengua hebrea asoma en ellas aquí y allá.
Toda traducción es una especie de cuerpo cautivo, es decir, mártir, pero es preferible siempre la traducción a un arreglo escolar de los relatos.
Mi contacto con la lírica judía, que había de ser la lírica de mi nutrimiento, lo hizo, cuando yo tenía diez años, mi abuela doña Isabel Villanueva.
Mi madre me mandaba a ver a la vieja enferma, y doña Isabel me ponía a sus pies en un banquito o escabel cuyo uso era solo este: allí se sentaba la niñita de trenzas a oír los Salmos de David.
Yo entendía bastante los Salmos bíblicos, en relación con mis diez años, pero no creo que entendiese más de la mitad… por ejemplo, que un hombre maravilloso, mi héroe, David, gritaba a todo lo ancho del grito su amor de Dios, como si estuviese voceando sobre el rostro mismo de lo divino.
Yo comprendía, con el mismo entender de hoy, que Aquel a Quien se hablaba rindiendo cuentas, a Quien se pedía la fuerza para andar y resolver, y para capitanear hombres, era el tremendo y suave Dios Padre, el Dios de la nube rasgada, por donde él veía vivir a su Israel
Mi abuela pasó por mi vida parece que sólo para cumplir con este menester de proveerme de Biblia, en país sin Biblia popular. No fue abuela que viste a la nieta de pequeña, pues no asistió a mi primera infancia… Ella no me vio ser maestra de escuela ni llegaron nunca mis pobres versos a sus rendidos ojos de aguja y Biblia; ella no conoció mi cara adulta, aunque viviría casi 90 años.
Y sin embargo, a pesar de las pocas briznas de tiempo que ella me dio y del mal destino que nos había de separar, ella, mi Isabel Villanueva, vieja santa para quienes la convivieron, ella sería la criatura más penetrante que cruzó por mi vida chilena.
El Dios Padre que ella me enseñó, la tenga en su cielo fuerte que no ralea de vejez. El le haya dado la dicha que aquí no probó ni en una dedada de miel cananea. Tiempo después, entre los quince y los 20 años, y sobra contarlo, porque es la aventura de cualquier sudamericano, les digo que anduve haciendo sesgueos estúpidos y dándome tumbos vergonzosos con lecturas ínfimas, del cinco al diez, con novela y verso que eran insensateces de hospicio.
La Biblia había pasado por mí y su gran aliento recorría visible o invisiblemente mis huesos, atajada en el punto tal por la torpeza, estorbada más allá por la falta de medio concordante con ella, pero no se había ido de mí, como sale y pierde nuestro hálito.
Entre los 23 y los 35 años, yo me releí la Biblia, muchas veces, pero bastante mediatizada con textos religiosos orientales, opuestos a ella por un espíritu místico que rebana lo terrestre. Devoraba yo el budismo a grandes sorbos; lo aspiraba con la misma avidez que el viento en mi montaña andina de esos años. Era para mí el budismo, un aire de filo helado que a la vez me excitaba y me enfriaba la vida interna; pero al regresar, después de semanas de dieta budista a mi vieja Biblia de tapas resobadas, yo tenía que reconocer que en ella estaba, no más que en ella, el suelo seguro de mis pies de mujer.
Yo no sabría decir cuánto le debo a ella, a mi Madre verba, a la enderezadora de mi laciedad criolla y a la castigadora de mis renuncias budistas.
El trato con ciertos libros, pero sobre todo con la Santa Biblia, es intimidad pura y no se puede escarmentarla sin que ella sufra en esta operación verbal lo que una entraña expuesta se dolería en el arte.
Los Salmos de mi abuela, y después de ellos mi lectura larga y ancha de la Biblia total, que yo haría a los 20 años, me habituaron a su manera de expresión que se avino conmigo como si fuese un habla familiar que los míos hubiesen perdido y que yo recuperé con saltos de gozo.
Yo sé muy bien que hay en la Biblia muchas líneas de expresión: hay el orden de la crónica, seco y tónico; hay las islas de lo idílico en la historia de José o en la de Ruth; hay el dramático de Job, tan diferente del patético de David… La riqueza es una de las causas de la fascinación que irradia el Santo Libro y que lleva hacia él a fieles e infieles, a finos y a bastos. La variedad constante evita la fatiga de una Escritura, que pudo tener la pesadez mortal de las otras de su género, de todas las demás
Quince mujeres del Antiguo Testamento aparecen en su poesía, pero no todas, por cierto tienen relación con el tema de la infecundidad. Destacan Sara, Rebeca, Raquel y Ana, porque Dios les negaba a cada una un hijo, que concibieron, finalmente, gracias a la intervención divina, a la oración constante. La Ruth de Gabriela, como la poetisa misma, anda en busca de la realización espiritual y de la maternidad:
Ruth vio en los astros los ojos con llanto
De Booz llamándola, y estremecida,
Dejó su lecho, y se fue por el campo…
Dormía el justo, hecho paz y belleza
Ruth, más callada que espiga vencida
Puso en el pecho de Booz su cabeza
Gabriela compara su propia esterilidad con la de Sara, que a los noventa años desesperaba de tener un hijo. Así, en el poema AGUA la poetisa se rebela contra su estancia en España, prefiriendo las verdes tierras de Chile, usando para ello diversas metáforas tomadas de la Biblia:
Me han traído a país sin río
Tierras-Agar, tierras sin agua
Saras blancas y Saras rojas
Donde pecaron otras razas,
De pecado rojo de atridas
Que cuentan gredas tajeadas;
Que no nacieron como un niño
Con unas carnazones grasas,
Cuando las oigo, sin un silbo,
Cuando las cruzo, sin mirada
Tierras-Agar se refiere a la yerma España. Se enlaza España con Agar y con Sara. Saras blancas y se refiere a la esterilidad de la raza española, mientras que con Saras rojas se identifica a aquellas madres que matan a los hijos que engendran, tal como las “atridas”
El título, sin duda que es también significativo. AGUA, simboliza fertilidad y subraya la aversión de la poetisa por lo infecundo. Asocia las tierras fértiles con los niños. Quiero volver a las tierras niñas; llévenme a un blando país de aguas.
En su libro Desolación, publicado en 1922, hay un poema de alegre afán cotidiano, titulado Mis libros, trece estrofas de cuatro versos cada una que testimonian los fervores lecturales a través de aquellos libros muy suyos. Gabriela, entre esos libros “vivos en su silencio, ardientes en su calma, cita, después de la Biblia, las obras del Dante (sobre todo la rojez de su infierno), las obras de Federico Mistral, el verso de Amado Nervo.
Los versos dedicados a la Biblia dicen:
¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
En donde se quedaron mis ojos largamente,
Tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazón enciendo!
Sustentaste a mis gentes con tu robusto vino
Y los erguiste recios en medio de los hombres.
Y a mí me yergue de ímpetu sólo el decir tu nombre,
Porque de ti yo vengo he quebrado al Destino.
Aunque, como lo ha señalado el Dr. Iván Carrasco de la Universidad Austral de Valdivia, sectores significativos de su obra han sido ignorados y otros han sido analizados de manera convencional y estereotipada. Incluso, no se debe olvidar un hecho particularmente increíble: Todavía no se han editado la OBRAS COMPLETAS del primer premio Novel de Literatura de Hispanoamérica 3
3. V. Gabriela Mistral. Nuevas visiones. Homenaje al Centenario de su Natalicio. Anejo 13 de Estudios fillógicos, Universidad Austral de Valdivia, 1889, especialmente páginas 7 – 9.
Vaya mi reconocimiento a nuestra Premio Nobel de Literatura…, considero que la Palabra de Dios, que es aquella quien da vida y luz a todo lo creado; son bienaventurados los que por ella se guían; “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119). La grandeza de los hombres, radica en su sencillez, pues saben que no brillan con luces propias, es “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, la que ya vino a este mundo” (parafraseado Ev. San Juan 1:9)
Así como la Luna brilla e ilumina la noche, no puede jactarse que es su propia luz la que hermosea la noche…, es el Sol reflejado en ella.
Sin duda, la grandeza de Gabriela, fue marcada por Aquella luz verdadera…, Dios
Con cariño, Alicia
Octubre 15, 2007 at 7:27 pm
me ha parecido una historia muy bonita y entretenida
creo que alicia ha echo un buen trabajo
aunque tengo solo 12 años,,me ha parecido muy binito/a
Mayo 22, 2008 at 5:32 pm
Me parese espectacular el articulo ,como cristiano evangelico me siento orgulloso que Gabriela usará como texto personal la version reina y valera cosa que desconocia.gracias.